HERIDAS EMOCIONALES
Una herida emocional no es un simple mal recuerdo. Es una respuesta intensa, desproporcionada muchas veces, ante un estímulo que toca un punto sensible de nuestra historia. Algo aparentemente pequeño —una mirada, un gesto, un silencio— puede despertar un dolor que no pertenece al presente, sino a una vivencia pasada que nos marcó. Cuando eso ocurre, no reaccionamos como adultos libres, sino como niños heridos que aprendieron a sobrevivir en un entorno difícil. Cada herida emocional es una memoria viva que, si no se atiende, sigue influyendo en cómo pensamos, sentimos y nos relacionamos. ¿Por qué es tan limitante llegar a la adultez con heridas de la infancia? Porque esas heridas condicionan nuestras elecciones, sabotean nuestras relaciones, nos hacen desconfiar, escondernos o defendernos de lo que creemos que puede volver a doler. En lugar de vivir desde la libertad y la abundancia, vivimos desde la protección y la supervivencia. Y eso nos cierra puertas, nos agota y n...